AUTOGESTION DEL TRABAJO EN RED

En el 2012 aprendí, gracias a YouTube, a hacer jabones de glicerina y velas. En un principio lo vi como un hobbie, algo que me traía tranquilidad, y que de alguna manera aumentaba mi autoestima, pues mis manos estaban literalmente creando y transformando algo útil, lindo y a mi gusto. Experimente colores, olores, diseños, tamaños y formas, y poco a poco, fui creando un “estilo” personal. Este “estilo” fue lo que me llevo a preguntarme ¿yo compraría esto?”, y mi respuesta fue ¡CLARO QUE SI!”. Y la realidad es que me gustan las cosas hechas en casa por personas creativas y súper chulas, y pensé “yo puedo ser una de esas personas creativas y chulas a quienes les compran cosas hechas en casa”, y desde ahí, he utilizado estas manos para continuar creando siempre que pueda.

Con el tiempo fui aprendiendo a realizar otras cosas, como cremas y accesorios con telas africanas. Todo esto es lo que me apoyaba de vez en cuando a cuadrar la quincena, con los regalitos o detallitos hechos por mí para ahorrarme par de pesos, y además me brindaba y brinda la tranquilidad de saber que estoy apoyando de alguna manera a la economía local, pues todos mis materiales los compro en tiendas de Rio Piedras, de comercio justo y/o artículos hechos en Puerto Rico.

En muchas ocasiones, utilicé la venta de jabones y velas para recaudar algún dinero antes de salir de viaje hacia algún evento relacionado con el trabajo en VIH que realizo. Si, TRABAJO, porque invertir entre tres (3) a unas ocho (8) horas diarias, entre lectura y redacción de emails, redacción de informes, procesos de consultas, contestar mensajes en Facebook y en WhatsApp de todas partes del mundo, talleres de pintura, crear campañas, estar en reuniones presenciales y virtuales, pines, hacer presentaciones para que las usen en otro país, apoyo cuando alguien esta depre o no tiene con quien hablar, ir a dar una charla en una comunidad, traducir documentos, movilización de jóvenes, comprar para regalar espéculos a mis amigas, hacer conexiones entre jóvenes, adiestramientos, identificar lugares de tratamiento en otros países y muchas otras cosas, ES TRABAJO. Por eso se me hace complicado contestar cuando me preguntan si conseguí trabajo ya, y es que tengo trabajo, pero no es remunerado. Y en muchas ocasiones siempre hay gente para la cual nada de esto será suficiente, pues como activista, la gente siempre espera cosas de ti como si una fuese perfecta y no tuviese una vida con otras cosas que hacer.

Sabemos que para recibir financiamiento local, nacional y/o internacional se requiere todo un proceso legal y condiciones específicas como tener al menos una 501, entre otras. Por esto y más, además de que la cooperación internacional poco a poco ha ido saliendo de Latinoamérica (hasta que en algún momento no habrá casi nada), es que muchas de las redes de, por y para jóvenes viviendo con VIH, no recibimos ni un centavo por el trabajo realizado, que al final del día, es para beneficio de nosotros y nosotras, y nuestros pares. Por tal razón, desde el primer momento en el que fui escogida para participar del VI Encuentro de la RAJAP en Buenos Aires, Argentina, me puse a buscar financiamiento, y estaba casi segura, que la manera principal para conseguir el dinero suficiente para pagar mi pasaje, seria con la autogestión. Pero no una autogestión, mandando cartas para que me den dinero, autogestión tipo salir a la calle a vender.

Gracias a los jabones es que he podido pagar el internet que utilizo para hacer el trabajo requerido, y tengo que decir muy honestamente que hasta hace tres (3) días pensé que no sería posible recaudar el dinero suficiente para poder costear mi pasaje, ya que jamás es lo mismo $60.00 a $1200.00. Con el aporte de una quincena atrasada, me complace informar que GRACIAS A MUCHAS PERSONAS SÚPER LINDAS Y SOLIDARIAS YA COMPLETE EL DINERO QUE NECESITABA PARA COMPRAR MI PASAJE.

Esta experiencia ha sido extraordinaria, llena de aprendizaje y sobretodo me recuerda que la pasión y la voluntad son motores que mueven todo un mundo de posibilidades que solo las que tienen el coraje, la valentía y son lanzadas, pueden ver. Me siento muy agradecida y demasiado emocionada, porque para mí, esto es prueba de que hay mucha gente que cree y apoya el trabajo que se hace, y que a pesar de la situación económica actual, hay quienes apuestan a lo local y al trabajo comunitario, activista y feminista, y sobre todo cuando una se hace en función de la otra.

Fueron muchas noches amanecida haciendo órdenes, muchos regueros y desastres en mi casa, donaciones de materiales, dolores de cabeza agudos por la mezcla de olores, dolor en el cuerpo, alergias, sinusitis y estrés. En muchas ocasiones quise salir corriendo de mi casa, en otras camine hasta 45 minutos para ahorrarme los $3.00 del tren. Mucha energía, dedicación, mensajes y cositas que hacen que las cosas queden más lindas.

La necesidad es la madre de la invención, y yo necesito agradecerle a Syndi, Abi, Katya, Ruthy, Ivette Rodriguez, Ivette Gonzalez, Cynthia, Maria Fidalgo, MaryMer, Wanda, Britzeida, Denisse, Mayra, Angel, William, Sarahi, Iveliz, Michel, Kriss, Norma, a mis proveedores de salud, el corillo del Consejo y muchas otras personas que me faltaron. Esto es posible gracias a ustedes, esta ha sido una de las oportunidades en la cuales mas he sentido el apoyo y agradecimiento.

Les mando un abrazo, y seguimos con la autogestión y buscando nuevos modelos de financiamiento creativo.

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Dos de Acero y Voluntad

¿Cómo tú vives con VIH? Yo no sé, dicen que uno se adapta pero todavía yo no sé.” Así comenzó una larga conversación con esta mujer joven viviendo con VIH desde hace 24 años, que es exactamente su edad. En muchas ocasiones hemos hablado, pero nunca habíamos tenido una conversación y agradezco no tan solo su disposición, si no su apertura para responder preguntas, incomodas, nostálgicas y que nadie nunca le había hecho.

Su nombre no importa, pueden llamarle Minerva diosa de la sabiduría y guerra, Nirvana como la liberación en el budismo, Pachamama la madre tierra o Yemayá quien manda en el océano. Lleva la mitad de su vida viviendo con VIH de manera consiente, o sea, a la edad de 12 su madre y su doctora planificaron para darle la noticia. Noticia más o menos publica, pues su hermano, mayor que ella, lo divulgo entre sus amigos de escuela sin ella aun saberlo. En esta isla el chisme corre más rápido que la electricidad e internet, por lo tanto, intencional o no, muchas personas en la escuela se enteraron, teniendo como resultado, discriminación y estigma, conocido como “Bully”, palabra que no me parece suficiente para describir una vivencia como esta.

Al enterarse pensó que era lo peor, que no podría tener hijos o hijas. Tuvo su etapa de rebeldía, como la mayoría de nosotros y nosotras. Las malas crianzas y el llegar al punto de no importarle nada, nunca la hicieron pensar que “si yo lo tengo, todo el mundo debe tenerlo”, pero si generó una dinámica con su madre en la cual el pensamiento principal fue, “no me pidas honestidad cuando tú me mentiste a mí”. Y es que cuando se crece con VIH, usualmente toda tu familia lo sabe primero y tú eres la última en enterarte, y se siente una engañada porque “pensaba que eran vitaminas” sus medicamentos.

El VIH vive en nosotros y nosotras, “yo te tengo pero yo soy dueña de ti, y NO tú de mí”. La comparación más cercana es como “un compañero que se levanta y acuesta contigo, pelean pero siempre están juntos”. Por lo tanto el tener apoyo familiar puede ser crucial cuando se es adolescente, más aun cuando se vive con VIH. En la manera en la que tu familia se relaciona con el VIH, en gran parte, es la manera en la que se relacionan contigo, y así es como una puede pensar que el resto de las personas se relacionarán con nosotras y nosotros. Ese es uno de los lugares de los cuales puede salir la percepción, preocupación y en ocasiones miedo al estigma y discrimen, percepción que no es igual para todo el mundo.

Su madre vive con VIH, su padre no. “¿Tú te crees que si yo hubiese sabido que estaba enferma te hubiese tenido?”, son algunas de las cosas que su madre le decía, mientras le daba de codo durante toda su vida. “Siempre me trato así”, dice sintiéndose además “como el patito feo de la familia”. Ella nunca hiso nada por evitar el bully en su escuela. “Tal vez es el miedo o la culpa”, tratando de explicar el comportamiento de su madre para con ella. Personalmente no soy madre asique desconozco si existe razón alguna, aun estando en este contexto, para este trato y comportamiento. Por tal razón, me abstengo de juicio alguno.

Su familia puso el grito en cielo cuando tuvo su primera relación sexual y otro adicional cuando se enteraron de su embarazo. “Tú lo que vienes a traer al mundo son niños enfermos” y un “tu debes buscarte un novio que también tenga la condición”, fueron los comentarios de una prima. No me extraña que su familia piense que es egoísta al haber quedado embarazada, ya que no es la primera joven que ha crecido con VIH de quien he escuchado este tipo de comentario por parte de su familia. Su madre le dijo que no debia tenerlo porque no estaba capacitada, incluso, le sugirió comprar medicamentos para un aborto casero. “El bebe no tiene culpa de mis errores”, y bajo este pensamiento, hace 6 años tuvo a su primera hermosa hija y hace 9 meses a un niño, ambos sin VIH.

Actualmente, lleva 5 meses con su pareja y me cuenta que el proceso con él fue distinto a los demás; primero tuvieron sexo y después se lo dijo. “Como tu estas enferma, tú quieres infectar a los demás”, ese fue su reclamo. Si en algo coincido con ella es que, si es conoces a una persona para solo tener sexo, podemos obviar el proceso de divulgación, y con el uso del condón es suficiente. Para algunas personas pudiese sonar egoísta, pero en mi opinión, el tener VIH no me da mayor responsabilidad al momento de protegerme. Por otro lado, cuando hablamos de una relación estable, ambas opinamos que deberíamos decirlo.

“Las personas piensan todavía que la gente con VIH son solo drogadictos y prostitutas”, refiriéndose a las personas que usan drogas  y hacen trabajo sexual.  “Él no hablaba en un principio se fue en un trance, sus padres también vivían con VIH y fallecieron”. Ella le comparte la información que su doctor le brinda, “es más fácil que un hombre infecte a una mujer, que una mujer infecte a un hombre”. La disyuntiva es que de una relación de “solo una noche”, no sabemos si pudiera rendir frutos o no, que fue el caso de ella y su pareja quien, muy afortunadamente, ha ido cambiando el pensamiento por uno menos estigmatizante y negativo.

“¿Cómo evaluarías tu auto-cuidado?” le pregunto. “Irresponsable, no me cuido bien, vengo cuando me siento mal”, contesto. “Como es que tú le tienes miedo a la muerte y no te cuidas”, pregunta que le hacen, la cual encuentro muy juiciosa. No se queja del lugar donde recibe servicios médicos, por el contrario, dice que la tratan muy bien, que le “hablan claro; al pan, pan y al vino, vino”, y no identifica ninguna barrera para asesar servicios, ya que cuenta hasta con transportación.

“Nunca pensé en el VIH hasta ahora”, siempre estuvo bien y actualmente se siente bien. “Ahora que he estado al borde de la muerte es que creo consciencia de que debo cuidarme, por mis hijos”. Me cuenta de los medicamentos que tomaba durante su adolescencia y los trucos para tomarlos. “Teníamos que tomarnos una cucharada de jarabe de chocolate para disfrazar el sabor”, dice de la versión liquida del lopinavir con ritonavir, para tomarse dos veces a día. Igual de mala era tomar la tableta que se disolvía en agua que contenía lamivudina y zidovudina, y me consta ya que era uno de los últimos medicamentos que mi madre tomó.

Hoy día toma dolutegravir, ritonavir, tenofovir, abacavir y lamivudina (me resisto a mencionar nombres farmacéuticos), y a pesar de tener acceso a ellos, confiesa tener resistencia a todos los medicamentos para VIH, incluso para los que está tomando actualmente. Hace varias semanas al llegar sus laboratorios, dicen que tiene 2 de CD4. Para quienes no conocen acerca de los CD4, lo saludable es entre 1’500 – 500, regular seria entre 500 – 200 y de 200 a 0, viene siendo etapa Sida en la cual se está completamente vulnerable a cualquier infección oportunista.

El escucharla decir que tiene solo 2 CD4, me sorprendió de manera tal, que hoy por hoy, aun no logro caer en tiempo. Me sentí cual periodista amarillista, pero no pude evitar preguntarle “¿Por cuánto tiempo más tú crees que puedes vivir con VIH?”. La pausa fue larga. Científicamente no mucho, mi cuadro clínico no está bueno, tal vea 6 meses, pero espiritualmente muchos años, no me pongo eso en la mente”. “¿Qué te mantiene de pie?” le pregunto. No puedo permitirme que el ay me siento mal, ni los dolores del cuerpo, si no, le doy cabía al caer en cama y todavía no es mi momento”. Sus hijos, su fuerza de voluntad. “Si no tienes motivos por que seguir viviendo, tu permites caer a ti”.

“¿Qué es lo más difícil de vivir con VIH?”. “El estilo de vida, cosas que quisiera hacer y tener una relación o comunicación normal”. “¿Qué es ser normal?”, siempre me encanta escuchar lo que las personas definen como normal. “Que no haya una condición de salud, que tu pareja te vea tomando tus medicamentos, tomar medicamentos, el jangueo, mantener una vida sana y tener que cuidarnos el doble”. A medida la conversación avanzaba pasamos a preguntas concretas, que de momento a mí me hubiese gustado que en mis entrevistas me hicieran.

En nuestras ciudades, pueblos, regiones, continentes y en el mundo, estas son las historias que pasan por desapercibidas, aquellas para las cuales hay pocos oídos. Por estas, por las nuestras, por las que ya no están, por las que vendrán y por las cuales no llegaran, es que se trabaja. Trabajo de hormiga o a gran escala, remunerado o voluntario, en militancia o en anonimato, por una vida digna.

¿Quién fueras si no tuvieses VIH? Estuviese como las cabras locas, acostándome con todos, porque me gusta mucho el sexo. No tuviese la mente abierta.

¿Qué has aprendido en la experiencia de vivir con VIH? La condición me ha hecho aprender a tener mejor cuidado de salud. Que el VIH no es lo único que existe y no estar algarete.

¿Qué es el futuro para ti? ¿Cómo lo ves? Es un logro. Me veo con un negocio de comida criolla o internacional.

Si pudieras hablarle al VIH ¿Qué le dirías? ¡Vete de mi cuerpo! Vete al carajo, déjame en paz.

¿De qué te arrepientes? De nada, nada que haya hecho diferente.

¿Qué quieres para tus hijos? Bienestar, que no sufran.

¿En qué crees? Creo en Dios. No creo en fantasías, creo en realidades.

¿Cuáles son tus metas? Me faltan dos (2), un carro y un trabajo. Ya tengo mis hijos y casa estable. Dentro de lo que cabe, ser feliz.

¿Cuáles son tus sueños? Ver a mi hijo crecer.

Si pudieses hablarle a la vida, ¿Que le pedirías? Unión familiar, paz en el hogar.

¿Qué agradeces? La vida. El despertarme cada día y ver a mi hijo sonreír.

VSJ

De nuevo aquí…

Aquí están, frente a mí. Por enésima vez. No se rinden, “compromiso” y “voluntad”. Cuantas veces he dicho “no voy a fallar”, y aquí estoy otra vez. Frente a ellas. No sé porque será diferente esta vez. No sé que me hace pensar, que esta vez tendré la voluntad de cumplir el compromiso. No se…

No sé si cuando me de dolor de cabeza continuare. No sé cuando me de diarrea lo pensare otra vez. No sé si cuando mi humor cambie, me rendiré. No sé si cuando suba más de lo que ya he subido de peso, me mirare al espejo y diga “está bien”. No sé si el cumplir día a día, me lo mantenga presente todo el tiempo. Y no sé si pueda estar con el presente todo el tiempo.

Recuerdo que alguien una vez me pregunto “¿Por qué crees que muchos perinatales se quitan?”. Imagínate, a los 13 el primer novio. ¿Con que madurez se supone que uno le diga a esa persona? “Oye tengo VIH, tú me gustas”. ¿Cómo explicas todas las marcas en tus brazos de pinchazos? A los 16, cuando eres aceptada en un círculo de amistades, ¿Cómo explicas que hay ciertas comidas que te caen mal al estomago? Cuando por fin tienes la oportunidad de probar alcohol, esa primera vez, ¿Cómo se supone que uno haga? Como se puede ser adolecente con VIH, si no podías actuar como un adolecente. Cometer todas las faltas y errores necesarios para pasar a la próxima etapa. Bueno, yo pienso, si sobreviviste a la adolescencia con VIH, ¡puedes pasar lo que sea!

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Adherencia. Esa palabra no me gusta, es muy larga y viene tan cargada, que dentro de una conversación civilizada no tendría lugar. La palabra maldita, más literal no puede ser, porque si es ad-herido a mi genética, ahí apilado debajo de mi piel, mis uñas y risos, y si es una herencia de la cual rara vez me quejo. La palabra “tratamiento”, bueno el médico trata y yo miento, pero ambos sabemos que no es gusto verlo, y no porque no me agrade.

Pero aquí estoy, una vez más frente a mis medicamentos. Mirándolas, ahí limitantes. Observándolas, ahí esperando. Revelándome, sin fundamento. Cogiéndoles odio, ellas ausentes. Gritándoles, sin obtener respuesta. Aceptándolas, hipócritamente. Pensativa, sin salida. Lista para moverme, ellas inerte. Con la mente fría, decidida, pero a ellas le da igual.

Es un mal. Es necesario…

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¿Por qué luchamos?

Hace tiempo un amigo me recomendó que leyera el discurso “Why We Fight” de Vito Russo, un activista de Act Up, en el 1988. Aquí les dejo la versión en español:

Un amigo de Nueva York tiene una tarjeta de transporte que le permite montarse en autobuses y metros por la mitad del precio. El otro día, cuando se lo mostró al enargado, éste le preguntó cuál era su discapacidad y él dijo “tengo SIDA”. Y el encargado le dijo “no, no tienes; si tuvieras SIDA, estarías muriéndote en casa”. Entonces, quería hablar aquí hoy como persona con SIDA que no está muriendo.

Sabes, durante los últimos tres años, desde que fui diagnosticado, mi familia piensa dos cosas sobre mi situación: uno, piensan que me voy a morir; y dos, piensan que mi gobierno está haciendo todo lo posible para evitarlo. Y se equivocan, en ambas cosas.

Así que, si estoy muriendo de algo, estoy muriendo de homofobia. Si estoy muriendo de algo, estoy muriendo de racismo. Si estoy muriendo de algo, es de indiferencia y trámites burocráticos, porque esas son las cosas que están impidiendo que acabe esta crisis. Estoy muriendo de Jesse Helms.  Si estoy muriendo de algo, estoy muriendo del Presidente de los EEUU. Y, especialmente, si estoy muriendo de algo, estoy muriendo del sensacionalismo de los periódicos y las revistas y los programas de televisión, que se interesan por mí sólo en tanto en cuanto esté dispuesto a ser una víctima indefensa, pero no si estoy luchando por mi vida.

Si estoy muriendo de algo, estoy muriendo del hecho de que no haya suficientes hombres ricos, blancos y heterosexuales con sida como para que les importe una mierda. Ya sabéis, vivir con sida en este país es como vivir en una dimensión desconocida. Vivir con sida es como vivir en una guerra que sólo ocurre para aquéllos que resultan estar en las trincheras. Cada vez que explota una granada, miras alrededor y descubres que has perdido a más amigxs, pero nadie más se da cuenta. No les está pasando a ellxs. Ellxs caminan por las calles como si no estuvieran atravesando algún tipo de pesadilla. Y sólo tú puedes oír los alaridos de la gente y sus gritos pidiendo ayuda. Nadie más parece darse cuenta.

Y es peor que una guerra, porque durante una guerra la gente está unida en una experiencia compartida. Esta guerra no nos ha unido, sino que nos ha dividido. Ha separado a aquellxs, de nosotrxs con SIDA y a aquellxs de nosotrxs que luchamos por las personas con SIDA del resto de la población.

Hace dos años y medio, cogí una revista Life y leí un editorial que decía: “es el momento de prestarle atención, porque esta enfermedad empieza a golpearnos al resto de nosotrxs”. Era como si yo no fuera el que sostenía la revista. Y desde entonces nada ha cambiado, nada ha alterado la percepción de que el SIDA no les está ocurriendo a las personas reales en este país.

No está pasándonos a nosotrxs en los Estados Unidos, les está pasando a ellxs –a la población desechable de maricones y yonquis que se merecen lo que tienen. Los medios de comunicación les dicen que no tienen que preocuparse, porque la gente que verdaderamente importa no está en peligro. Dos, tres, cuatro veces –el New York Times ha publicado editoriales diciendo que no entremos en pánico todavía respecto al SIDA–… todavía no ha penetrado entre la población normal y, hasta que eso ocurra, no tiene que importarnos una mierda.

Y los días, y los meses, y los años pasan, y ellxs no pasan esos días y noches y años intentando averiguar cómo hacerse con el último medicamento experimental, y qué dosis tomar, y cómo combinarlo con otros fármacos, y de dónde sacarlo. Y, ¿cómo vas a pagarlo? ¿Dónde vas a conseguirlo? Porque no le está pasando a ellxs, por lo que no les importa una mierda.

Y ellxs no se sientan en estudios de televisión, rodeados por técnicxs que llevan guantes de goma, que no te ponen el micrófono, porque no les está pasando a ellxs, por lo que no les importa una mierda. Y a ellxs no les quemaron la casa fanáticxs e imbéciles. Ellxs ven las noticias y cenan y van a la cama, porque no les está pasando a ellxs, y no les importa una mierda.

Y ellxs no pasan las horas yendo de habitación de hospital a habitación de hospital, y viendo a la gente a la que quieren morir despacio –de negligencia e intolerancia–, porque no les está pasando a ellxs y no les importa una mierda. Ellos no han ido a dos funerales a la semana durante los últimos tres o cuatro o cinco años –así que no les importa una mierda, porque no les está pasando a ellxs.

Y leemos en la portada del New York Times el último sábado que Anthony Fauci dice ahora que existen todo tipo de medicamentos prometedores para el SIDA, pero que no han sido probados en los últimos dos años porque no puede permitirse contratar a las personas que los prueben. Nadie se pregunta por qué algún periodista no profundiza en esa historia y no la publica dieciocho meses antes, antes de que Fauci fuera arrastrado frente al Congreso.

¿Cuánta gente ha muerto en los dos últimos años, gente que podría estar viva hoy si esos medicamentos hubieran sido probados? Periodistas de todo el país están ocupados sacando notas de prensa del gobierno. No les importa una mierda, no les está pasando a ellxs –lo que quiere decir que no les está pasando a gente como ellxs–, a la gente real, al público general mundialmente famoso del que estamos oyendo hablar todo el día.

La legionelosis les estaba pasando a ellxs porque enfermó a personas que se les parecían, que hablaban como ellxs, que eran del mismo color que ellxs. Y esa jodida historia sobre dos docenas de personas afectadas llenó todas las portadas de todos los periódicos y de todas las revistas en este país, y se mantuvo ahí hasta que el misterio fue resuelto.

Todo lo que leo en los periódicos me dice que la población blanca heterosexual no está en riesgo de contraer esta enfermedad. Todos los periódicos que leo me dicen que lxs consumidorxs de drogas intravenosas y los homosexuales siguen representando la gran mayoría de los casos, así como la mayoría de la población en riesgo.

Y ¿puede acaso alguien decirme, por favor, por qué cada céntimo destinado a educación y prevención que se gasta en campañas de publicidad está dirigida de forma casi exclusiva a adolescentes blancxs y heterosexuales? –¡de lxs cuales nos siguen diciendo que no están en riesgo!

¿Puede alguien decirme por qué el único telefilme producido por una gran productora en este país sobre el impacto de esta enfermedad, no trata sobre el impacto en la persona con SIDA, sino sobre el impacto en la familia nuclear, blanca y heterosexual? ¿Por qué, durante ocho años, cada periódico y cada revista de este país han cubierto historias del SIDA sólo cuando crecía la amenaza de transmisión heterosexual?

¿Por qué, durante ocho años, todas y cada una de las películas didácticas diseñadas para su difusión en institutos eliminaban todo contenido positivo sobre lxs gays antes de ser aprobadas por el claustro? ¿Por qué, durante ocho años, todos y cada uno de los panfletos y las cintas de información pública que se difundían desde el establishment ha ignorado el contenido específicamente homosexual?

¿Por qué ninguno de los carteles en el metro y en el autobús y ninguno de los anuncios que veo en este país están dirigidos específicamente a hombres homosexuales? No te creas la mentira de que la comunidad gay ha hecho su trabajo y ha educado a su gente. La comunidad gay y la comunidad de consumidores de drogas intravenosas no están constituidas por personas politizadas que viven en Nueva York y en San Francisco. Los miembros de las poblaciones minoritarias, incluyendo a los así llamados gays sofisticados, son abismalmente ignorantes sobre el SIDA.

Si es cierto que los gays y lxs consumidorxs de drogas intravenosas son las personas con más riesgo, entonces tienen el derecho a exigir que la educación y la prevención se dirijan de forma específica a este segmento de la población. Y eso no está pasando. Nos han permitido morir, mientras que la población de bajo riesgo está siendo aterrorizada –no educada, aterrorizada– para pensar que nos lo merecemos.

¿Por qué estamos aquí juntxs hoy? Estamos aquí porque nos está pasando a nosotrxs, y sí nos importa una mierda. Y si hubiera más como nosotrxs, el SIDA no sería lo que es en este momento de la historia. Es más que una enfermedad convertida en mera excusa para que los ignorantes ejerzan la intolerancia que siempre han sentido. Es más que una historia de terror explotada por los tabloides. El SIDA es en realidad una prueba que se nos presenta. Cuando las generaciones futuras pregunten qué hicimos durante esta crisis, vamos a tenerles que decir que estábamos aquí hoy. Y tenemos que dejarles un legado a esas generaciones que vienen tras nosotros.

Algún día, la crisis del SIDA habrá acabado. Recordadlo. Y cuando ese día llegue –cuando ese día llegue y pase, habrá gente viva sobre la tierra–, homo y heterosexuales, hombres y mujeres, negrxs y blancxs, que escuchen la historia de esa enfermedad terrible que se extendió un día en este país y en todo el mundo, sabrán que un grupo de valientes se levantaron y lucharon y, en algunos casos, dieron la vida para que otras personas pudieran vivir y ser libres.

Así que estoy orgulloso de estar con mis amigxs hoy y con la gente a la que quiero, porque creo que todxs vosotrxs sois mis héroes, y estoy orgulloso de formar parte de esta lucha. Pero tomo prestada una frase de una canción de Michael Callen: todo lo que tenemos ahora es amor, lo que no tenemos es tiempo.

En cierto modo, los actiVIHstas son como esxs médicxs –están tan ocupadxs apagando fuegos y devolviéndole la respiración a la gente que no tienen tiempo de cuidar a todxs los enfermxs. Estamos tan ocupadxs apagando incendios ahora mismo que no tenemos tiempo para hablar y plantear estrategias para la próxima ola, el próximo día, la próxima semana, el próximo mes y el próximo año.

Y vamos a encontrar el tiempo para hacer eso en apenas unos meses. Y tenemos que comprometernos a ello. Y entonces, después de mandar a la mierda esta enfermedad, vamos a estar todxs vivxs para mandar a la mierda a este sistema, de tal forma que esto no vuelva a ocurrir.

 

 

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Salud vs. Seguridad

Esta es una pizca de la historia de esta chica con quien tengo muchas “conexiones”, y es que esta isla es tan pequeña que “fulanita es prima de la cuñada de la sobrina de la vecina de una amiga”. Mucha gente se conoce entre sí o alguien que tú conoces conoce a esa persona. Ella vive con VIH y la conocí en la clínica a la que asisto. Resulta que es familia lejana de alguien y fue jeva de un chico a quien “solía” conocer. El chico, por abusador fue preso. Allá adentro se entera que tiene VIH, y ella más adelante también. Ella ha podido superar el episodio, pero claro, los primeros años en lo que te acostumbras a vivir con VIH, mas tus hijos, no es cosa fácil. Ella rehace su vida, encontró a un hombre que la ama, a ella, a sus hijos, y no tiene problemas con el VIH.

Hace poco me encontré al chico con quien se infecto, me da lástima decirlo, pero se ve muy mal. Deambula de vez en cuando. Y cuando deambula, lo hace cerca de donde está la clínica. Hace un tiempo que ella no va a recibir servicios, y me preocupa como pueda estar su salud. No importa lo que le pueda decir, la última decisión es de ella. Me imagino que no debe ser fácil ir a recibir un servicio y encontrarte con quien te contagiaste allí mismo. Debe ser una sensación horrible, y más aun si fuiste maltratada. Solo de pensarlo de me aprieta el pecho. No imagino como pudiera ser, tener que ir a escondidas, o hacer actos de Houdini para poder acezar a tus cuidados de salud, que no necesariamente es al caso de ella. Tener que estar siempre acompañada por seguridad, cubrirte hasta las seretas para que nadie te vea, que a mucha gente he visto así. Ni hablar de las maromas y los mil lugares para esconder medicamentos que, toma más tiempo buscarlas que tomarlas.

Como anteriormente dije, es vital que cada mujer se apodere de su salud, y más, de su vida. No se puede permitir que las mujeres dejen de recibir sus cuidados de salud por miedo. Y no para ahí, muchas mujeres con hijos, casadas y trabajadoras terminan abandonando el tratamiento, porque entre una cosa y la otra de quien menos se ocupan es de ellas mismas!

Pero entonces me da coraje! Mientras estuve en Washington vi casos de mujeres, además de los documentales, que caminaban al menos una hora diaria para ir a buscar su medicación, y otra de regreso. ¿Entonces de que estamos hablando? Y no es que sea conformista, pero veo todos estos servicios tratando de ser “mejores” y hacernos la vida más fácil, sin embargo lo que también debe mejorar es el interés, la voluntad y el apoderamiento.

En cierta medida, las OBC han mal acostumbrado a la comunidad, y la comunidad se ha dejado acostumbrar, y una vez acostumbrados no es muy fácil hacer algo diferente. Se crean espacios seguros y de aprendizaje, para la gente, y si es de conocimiento común que es importante, y se le reconoce como algo valioso. Pero, sin un detalle, casi nadie, o nadie, asistirán; INCENTIVO. Hoy día si no incentivas a tus participantes, no asisten a esos espacios que tanto valor saben que tiene. Al menos comida debes tener, y me pregunto si será posible que en algún momento la gente asista aun sin comida, sin ningún atractivo adicional que no sea la causa, la urgencia y la necesidad de organizarse. Si no crees que esto es así, simplemente ve a un retiro o campamento relacionado a VIH, lleno lo veras. Ahora, ve a una protesta…

Me pregunto si no existiera el estigma, aquellos que dicen que “no tienen miedo”, pero que es innecesario que se sepa, ¿lo dirían? Me pregunto, si las mujeres dicen que ellas son primero, ¿porque dejan su salud para lo último? Me pregunto si ser joven y no revolucionario es un error hasta biológico, ¿nuestra juventud esta defectuosa? Si la salud no la puede comprar el dinero, ¿cómo es que los países más pobres son quienes más afectados están por el VIH?

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“Generación VIH”

El pasado mes de diciembre me hicieron una entrevista para uno se los principales periódicos del país. Y debo confesar que me hubiera encantado que el enfoque hubiera sido otro, ya que siento que me han puesto en el papel de víctima del cual siempre me he querido zafar. Quienes me conocen saben que NO LO SOY, y que tampoco me gusta que me vean así pues, donde hay una víctima, hay un culpable. Además hay varios detalles que no son exactamente como están ahí expuestos. De todas maneras pienso que si esto le sirve a UNA SOLA PERSONA, valió la pena! Y como he venido diciendo, YO NO LUCHO, YO VIVO…

Acá les dejo la noticia y el link para que vean el video:

 

Desde su nacimiento, L’Orangelis Thomas está en una lucha latente contra el intruso que está en su cuerpo. Ese enemigo que recibió hace 24 años en el momento en que su madre la trajo al mundo. Pero, hasta el momento, en la obligada batalla es el otro el que lleva las de perder. Es el virus de inmunodeficiencia humana (VIH).

Era 1991 y L’Orangelis tenía solo tres años cuando una pulmonía severa obligó a sus padres a llevarla al hospital. La enfermedad no cedía, y la pequeña estuvo a punto de fallecer. Fue entonces cuando los médicos decidieron realizarle unos análisis que revelaron que estaba infectada con el virus. En ese momento, también, su madre descubrió que estaba contagiada con la temida enfermedad que le fue transmitida por una pareja anterior.

“Fue un doble golpe… Gracias a Dios mi papá no se contagió”, relata la hoy estudiante de ciencias biomédicas con un grado menor en psicología.

La palabra “golpe” se queda corta para los cantazos que L’Orangelis y su madre, Carmen Belén Negrón, pasaron los años subsiguientes al diagnóstico, tratando de combatir una enfermedad que estaba en su punto pico y en el que el tratamiento clínico para los pacientes no era esperanzador.

Para las criaturas, las expectativas de vida eran mucho menos. Hace 20 años, antes de la llegada de tratamientos antirretrovirales, un tercio de los niños moría o desarrollaba sida entre los cinco y siete años. Actualmente, los niños contagiados de forma vertical –como se le conoce a la transmisión de madre a feto o neonato– son casi mínimos. Menos del 1% del total de casos. En ese ínfimo porciento está L’Orangelis.

“Para ese tiempo, hablar de sida era hablar de muerte y, en unos talleres que mi mamá y yo íbamos, nos estaban haciendo la idea de que íbamos a morir en cualquier momento”, recuerda quien vio morir a su madre a los 11 años de edad.

 

L’Orangelis explicó que fue dos años antes del fallecimiento de su progenitora cuando tuvo una noción clara de lo que sucedía con su organismo. Tenía nueve años y la conversación obligada se dio en un periodo en el que comenzó a cuestionar por qué tenía que tomar 16 medicamentos al día.

“Ella tenía mucha culpabilidad y creo que fue eso lo que la llevó a decírmelo. Además, estaba preocupada porque se acercaba la adolescencia y siempre le preocupó que no consiguiera amistades, que me rechazaran o que no consiguiera a alguien que me amara”, manifiesta quien tuvo su periodo de rebeldía cuando su madre murió.

“Yo no sabía el peso que tenía tener VIH, y me vine a encontrar con la realidad cuando mi mamá murió. Fue en ese momento que me di cuenta que también podía morir y me alejé del VIH por completo y dejé de tomar los medicamentos… Fue una especie de bloqueo y así estuve por ocho años”, confesó.

L’Orangelis acepta que el estigma social que se tiene sobre los pacientes VIH es uno de los factores que aleja a muchos jóvenes contagiados a callar sobre el asunto. Y es que cualquier “indiscreción” podría resultar dolorosa.

“Más que el virus, lo que nos mata es el estigma. El estigma provoca que la gente no vaya a las clínicas a tratarse por miedo a que te puedan ver y que se enteren que eres VIH”, lamenta quien precisamente trabaja como coordinadora del proyecto de voluntarios de Jornada de Amor, una organización que impacta a jóvenes con VIH a través de talleres de desarrollo personal.

En su caso, ha sido víctima del rechazo de familiares, amistades y posibles parejas amorosas que se han alejado cuando conocen que tiene el virus.

“Lo que se practica es promover la abstinencia, pero no se le dan opciones de otras alternativas para protegerse”, dijo la también fundadora del grupo de apoyo Redes, el cual está dirigido a jóvenes en su misma situación. Para información adicional sobre el grupo, puede acceder a http://www.redespuertorico.org o buscar el nombre de la organización en Facebook.

Noticia original y video:

http://www.primerahora.com/batallancontraelvihdesdelacuna-735217.html

 

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#JustSaying

Solo digo que estoy preocupada, pero no hay porque alarmarse. Si según nosotros los boricuas, con todo y el desempleo, la criminalidad rampante, la salud mental por piso, el estatus político, y la gente que “nos representa” haciendo el ridículo, somos el país más feliz del mundo, y la madre del que diga lo contrario. Cada cual tira pa’ su lao’, y muy pocos en una misma dirección, y cuando vemos algo injusto sucediendo está resuelto con el “ay bendito”, claro si la intención es lo que cuenta, ¿pa’ que hacer más?

De momento hay a muchas personas, más que antes, pero nunca las suficientes, que quieren un cambio. Todos opinan, todos dicen “yo haría esto” o “si fuera a mí”, pero rara vez hacen algo, como dije, la intención es lo que cuenta, y es que somos tan buena gente… Entonces, esperan a que alguien haga algo, y en este país que la imaginación es infinita, muy pocos imaginan que ese alguien pueden ser ellos. Desconozco si será algo genético y ya lo traemos en la sangre desde nuestros antepasados, si es parte de la mentalidad del colonizado, o si realmente es que ya se nos perdió la parte humana, pero cuando un programa de bochinche y chabacanería, es el más visto… ¡Que te puedo decir!

La cosa es que en relación al VIH, no es inimaginable que la participación es muy poca de parte de los positivos y prácticamente nula de los negativos. Solo digo que me pareció muy curioso, el hecho de que, cuando asesinaron al publicista muchas persona, incluyendo a varios de la comunidad gay, salieron en su defensa. Sin embargo, cuando asesinaron a una mujer en Peñuelas por tener VIH, nadie se quejo, nadie hiso ni dijo nada. Ni si quiera en la mayoría de los grupos feminista, fue visto como un crimen de género. Y es que me resulta muy interesante, como es que cuando una mujer sale positiva, para el “hombre”, ella es la culpable. ¿Con cuántos estuviste putiando? ¿Con que cabron me las pegaste? Pero no te atrevas a decir que estuviste solamente con él, porque estas insinuando que él o usa drogas o es gay, y no es necesario recordarte que la pela va.

Por otro lado, la mayoría de las mujeres piensan en “me infectaron”. Pero eso me suena a “no había nada que pudiera yo hacer”, lo que significa 0 responsabilidad. Que conste, no hablo de culpables, si no de responsabilidad y el poder de tomar una decisión. Pero como la educación sexual de este país es 5 estrellas, y nos ponen la abstinencia como gríngolas sin poder mirar otras alternativas, te enteras de que existe un condón femenino en universidad y si tienes suerte. Pero claro, solo digo.

Es por eso que digo, que es necesario que las mujeres se apoderarse de su sexualidad y más, su salud. Porque usar condón en el matrimonio, no es cosa de infidelidad y desconfianza, es cuestión de salud, de vida. Una mujer con pareja, usualmente, piensa que una relación “estable” es sinónimo de seguridad, y muchas dejan de ser ellas, para ser de otro, y ni tiempo tienen para cuidar de su salud, ni disfrutar de su sexualidad. Esto incluyendo a las VIH positivas, que muchas veces olvidan que también tienen orgasmos, y por completo de que somos seres sexuales además, y que igual tenemos derecho a los “one night stand” o a un “fuck-friend”.

Pero… “Just saying”, no me hagan caso!

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Para el 2013, Acción!

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Más o menos para esta misma fecha en el 2011 mencione que mi resolución de año nuevo sería “seguir viviendo”, y definitivamente eso fue lo más que hice. ¡Mi 2012 ha sido mental y espiritualmente súper intenso! Mi despedida de año 2011-12 fue patética, mejor dicho, triste a pesar de que el 2011 fue un año de muchos cambios. La diferencia entre estos dos años es que, en el 2011 los cambios fueron a mí alrededor y en el 2012 los cambios fueron internos. He aprendido mucho, y mientras más aprendo me doy cuenta que menos se realmente. ¡Declaro que el 2013 será un año de ACCION! Y debo comenzar desde ahora.

Varias veces comencé a ejercitarme. Baje de peso. Aumente de peso. Hice nuevos amigos. Perdí un amigo por el VIH. Fortalecí amistades, y me reencontré con las viejas. Participe de varias protestas. Me convertí en una revolucionaria y media rebelde.  Pase por varios procesos de transformación, desde Desarrollo Personal, Mentoría, Curo de Sogas, Firewalking y mi Avanzado. Me inicie en la Orden del Manicato, me uní como bloguera a Ovarios de Acero y tuve una exposición fotográfica. Visite la Isla de Guilligan, Vieques e Icacos. Comencé a tomar clases de Yoga, deje de tomar clases de Yoga. Me apunte en un Gym, deje de ir al Gym. Tuve varias plantas y una nueva mascota, mi Pitón Calypso.

Viaje a Washington, y conocí mujeres de diferentes partes del mundo. Vi a todas mis primas que hace mucho no veía, y todos sus hijos. Me hicieron un reconocimiento especial y salí en un reportaje en uno de los periódicos más populares del país. Me volví media artesana, aprendía hacer jabones, velas, cremas y velas para dar masajes. Fui asaltada en dos ocasiones. Inicie un proyecto, REDES. Me cuestiones muchísimas cosas. Me compartí bastante hacia otras personas.

Ha sido un año muy satisfactorio, y entre alegrías y tristezas, balanceado. Me he lanzado, con miedo, pero sin dejar que me domine. Y como dije anteriormente, EL PLATO PRINCIPAL APENAS SE ESTA COCINANDO.