EN BÚSQUEDA DE UN MEJOR NOMBRE

Vine a este parque porque en alguna parte de mi memoria quedan guardadas algunas imágenes de que éste, es el primer parque que recuerdo haber venido con mi madre. Recuerdo la cafetería eterna de la esquina que quedaba cerca de la primera farmacia donde trabajo mi padre, y cerca, la funeraria donde velaron a mi madre hace más de 17 años. Quisiera poder recordarlo todo con más claridad, pero, ha pasado tanto que de nada me valdría tener la mejor memoria del mundo. Lo que era ya no es, y de lo imposible, ni hablar.

Huelo aquí sentada yerbas frescas, pero más como el olor de las yerbas que guardo en mi nevera, no de las que me fumo para despertar de la realidad, que parece cada vez más surreal. Incluso tener algo fresco, yerbas frescas en mi nevera, me parece un privilegio, pues hoy abrí la nevera y sentí un olor “extraño”, y era el olor a comida, la suficiente para tal vez, más de semana y media, si tomo café todos los días. Hacía tiempo que esto no sucedía, me resulta extraño el olor a la “abundancia” y es que me acostumbre a vivir en austeridad. No me gusta aceptarlo, pero es la realidad, y el café se ha vuelto mucho más imprescindible que antes, y no por cuestiones románticas o de adicciones, simplemente, el café quita el hambre.

Nada, sucede que estoy en transición, y en el peor marco político. Pero imagino que todas aquellas personas que se reconocieron en alguna especie de transición entre sus 27 y, tímidamente, 33 años, también habrán sentido que ese era el peor momento político como para tener estas crisis. Pues ya no me preocupa tanto cortar relaciones como antes. Vamos, si digo que no me preocupa, miento, pero ya no las sufro, sino que las aprecio por lo que fueron y por lo que me enseñaron. No siento tanta necesidad de excusarme o explicarme sin que me lo pidan, viste que a veces que una se va en automático explicando hasta cuando no te preguntan. Es más, lo hago solo si cambiara algo. Estoy aceptando no entrar en procesos profundos para cada cosa que sienta soltar, también el no tener una explicación sobre el porqué no funcionan las cosas a veces. No tengo todas las respuestas, hay cosas que no sabré y puedo vivir con eso. Que resolver las cosas ya no siempre significa “arreglarlo”, porque hay cosas que no tienen arreglo, pero, se lidia con ello y se lleva hasta donde aguante dignamente. Valoro mis silencios consientes, porque cada uno contiene una sabiduría que me la reservo para cultivarme a mí misma.

Sigo creyendo en que nacemos siendo seres totales y capaces, y aunque por mil circunstancias no logremos desarrollarnos como desearíamos, tampoco hace falta compararnos con otras personas, no importa la cantidad y calidad de sus logros, éxitos y experiencia que hayan tenido. Tampoco ser injustas con una misma, utilizando a otras personas como métricas o como puntos de referencias para medir los nuestros, o el cómo deberíamos ser. Siento importante descubrir la condescendencia con la que nos tratamos y nos agredimos, y las dinámicas de poder que sutilmente se generan, sin poder reconocerlas. Deconstruirnos y construirnos no es tarea fácil, pero si es muy personal y político, y requiere invitación y permisos siempre. Reconozcámonos, en vez de admirarnos, y amémonos por lo que somos y no por la idea de lo que pudiésemos ser. Nuestro camino se hace mientras se anda, y el aprendizaje está en el caminarlo, caerse, levantarse y seguir caminándolo.

Ya no me quiero dar el permiso a sentirme mal o culpable por las decisiones que yo tome sobre mí, y pues, no siempre tiene sentido el arrepentimiento porque al final del día, lo que importa es que sea yo quien tome las decisiones sobre mi vida, aunque meta las patas y me equivoque. Si me equivoco, pues descubrí una nueva manera de cómo no hacerlo, pero autora de mi propia historia. Sigo descubriendo todo el poder que una tiene sobre si misma, y como ir tomarlo conlleva tiempo, permisos y autoconocimiento.

A esto es a lo que se referían cuando me hablaron del “Retorno de Saturno”, y es que, honestamente, no pensé que viviría tanto tiempo para experimentarlo, pero esto es. Llegó, y ya no existen certezas, solo queda recoger, reusar, botar, admirar y seguir jugando. También experimento el aislamiento orgánicamente selectivo, porque cuando acostumbras al mundo a que siempre estas disponible y de momento te pones a ti y a tu sanidad mental como prioridad, ante todo, comprendes que tu relevancia está en función a tu productividad. Al menos, así se siente, y en el momento en el que decides deberte solo a ti misma, te das cuenta de que todo el mundo te dio por sentada, pero tú te paraste y te fuiste hace mucho ya.

¡Disculpen los inconvenientes, estoy en construcción! No, mejor no me disculpes, no tengo nada porque disculparme. No pido comprensión, con que no me jodan estoy bien.

¡Feliz día de la Juventud y Jevitud!

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