Dos de Acero y Voluntad

¿Cómo tú vives con VIH? Yo no sé, dicen que uno se adapta pero todavía yo no sé.” Así comenzó una larga conversación con esta mujer joven viviendo con VIH desde hace 24 años, que es exactamente su edad. En muchas ocasiones hemos hablado, pero nunca habíamos tenido una conversación y agradezco no tan solo su disposición, si no su apertura para responder preguntas, incomodas, nostálgicas y que nadie nunca le había hecho.

Su nombre no importa, pueden llamarle Minerva diosa de la sabiduría y guerra, Nirvana como la liberación en el budismo, Pachamama la madre tierra o Yemayá quien manda en el océano. Lleva la mitad de su vida viviendo con VIH de manera consiente, o sea, a la edad de 12 su madre y su doctora planificaron para darle la noticia. Noticia más o menos publica, pues su hermano, mayor que ella, lo divulgo entre sus amigos de escuela sin ella aun saberlo. En esta isla el chisme corre más rápido que la electricidad e internet, por lo tanto, intencional o no, muchas personas en la escuela se enteraron, teniendo como resultado, discriminación y estigma, conocido como “Bully”, palabra que no me parece suficiente para describir una vivencia como esta.

Al enterarse pensó que era lo peor, que no podría tener hijos o hijas. Tuvo su etapa de rebeldía, como la mayoría de nosotros y nosotras. Las malas crianzas y el llegar al punto de no importarle nada, nunca la hicieron pensar que “si yo lo tengo, todo el mundo debe tenerlo”, pero si generó una dinámica con su madre en la cual el pensamiento principal fue, “no me pidas honestidad cuando tú me mentiste a mí”. Y es que cuando se crece con VIH, usualmente toda tu familia lo sabe primero y tú eres la última en enterarte, y se siente una engañada porque “pensaba que eran vitaminas” sus medicamentos.

El VIH vive en nosotros y nosotras, “yo te tengo pero yo soy dueña de ti, y NO tú de mí”. La comparación más cercana es como “un compañero que se levanta y acuesta contigo, pelean pero siempre están juntos”. Por lo tanto el tener apoyo familiar puede ser crucial cuando se es adolescente, más aun cuando se vive con VIH. En la manera en la que tu familia se relaciona con el VIH, en gran parte, es la manera en la que se relacionan contigo, y así es como una puede pensar que el resto de las personas se relacionarán con nosotras y nosotros. Ese es uno de los lugares de los cuales puede salir la percepción, preocupación y en ocasiones miedo al estigma y discrimen, percepción que no es igual para todo el mundo.

Su madre vive con VIH, su padre no. “¿Tú te crees que si yo hubiese sabido que estaba enferma te hubiese tenido?”, son algunas de las cosas que su madre le decía, mientras le daba de codo durante toda su vida. “Siempre me trato así”, dice sintiéndose además “como el patito feo de la familia”. Ella nunca hiso nada por evitar el bully en su escuela. “Tal vez es el miedo o la culpa”, tratando de explicar el comportamiento de su madre para con ella. Personalmente no soy madre asique desconozco si existe razón alguna, aun estando en este contexto, para este trato y comportamiento. Por tal razón, me abstengo de juicio alguno.

Su familia puso el grito en cielo cuando tuvo su primera relación sexual y otro adicional cuando se enteraron de su embarazo. “Tú lo que vienes a traer al mundo son niños enfermos” y un “tu debes buscarte un novio que también tenga la condición”, fueron los comentarios de una prima. No me extraña que su familia piense que es egoísta al haber quedado embarazada, ya que no es la primera joven que ha crecido con VIH de quien he escuchado este tipo de comentario por parte de su familia. Su madre le dijo que no debia tenerlo porque no estaba capacitada, incluso, le sugirió comprar medicamentos para un aborto casero. “El bebe no tiene culpa de mis errores”, y bajo este pensamiento, hace 6 años tuvo a su primera hermosa hija y hace 9 meses a un niño, ambos sin VIH.

Actualmente, lleva 5 meses con su pareja y me cuenta que el proceso con él fue distinto a los demás; primero tuvieron sexo y después se lo dijo. “Como tu estas enferma, tú quieres infectar a los demás”, ese fue su reclamo. Si en algo coincido con ella es que, si es conoces a una persona para solo tener sexo, podemos obviar el proceso de divulgación, y con el uso del condón es suficiente. Para algunas personas pudiese sonar egoísta, pero en mi opinión, el tener VIH no me da mayor responsabilidad al momento de protegerme. Por otro lado, cuando hablamos de una relación estable, ambas opinamos que deberíamos decirlo.

“Las personas piensan todavía que la gente con VIH son solo drogadictos y prostitutas”, refiriéndose a las personas que usan drogas  y hacen trabajo sexual.  “Él no hablaba en un principio se fue en un trance, sus padres también vivían con VIH y fallecieron”. Ella le comparte la información que su doctor le brinda, “es más fácil que un hombre infecte a una mujer, que una mujer infecte a un hombre”. La disyuntiva es que de una relación de “solo una noche”, no sabemos si pudiera rendir frutos o no, que fue el caso de ella y su pareja quien, muy afortunadamente, ha ido cambiando el pensamiento por uno menos estigmatizante y negativo.

“¿Cómo evaluarías tu auto-cuidado?” le pregunto. “Irresponsable, no me cuido bien, vengo cuando me siento mal”, contesto. “Como es que tú le tienes miedo a la muerte y no te cuidas”, pregunta que le hacen, la cual encuentro muy juiciosa. No se queja del lugar donde recibe servicios médicos, por el contrario, dice que la tratan muy bien, que le “hablan claro; al pan, pan y al vino, vino”, y no identifica ninguna barrera para asesar servicios, ya que cuenta hasta con transportación.

“Nunca pensé en el VIH hasta ahora”, siempre estuvo bien y actualmente se siente bien. “Ahora que he estado al borde de la muerte es que creo consciencia de que debo cuidarme, por mis hijos”. Me cuenta de los medicamentos que tomaba durante su adolescencia y los trucos para tomarlos. “Teníamos que tomarnos una cucharada de jarabe de chocolate para disfrazar el sabor”, dice de la versión liquida del lopinavir con ritonavir, para tomarse dos veces a día. Igual de mala era tomar la tableta que se disolvía en agua que contenía lamivudina y zidovudina, y me consta ya que era uno de los últimos medicamentos que mi madre tomó.

Hoy día toma dolutegravir, ritonavir, tenofovir, abacavir y lamivudina (me resisto a mencionar nombres farmacéuticos), y a pesar de tener acceso a ellos, confiesa tener resistencia a todos los medicamentos para VIH, incluso para los que está tomando actualmente. Hace varias semanas al llegar sus laboratorios, dicen que tiene 2 de CD4. Para quienes no conocen acerca de los CD4, lo saludable es entre 1’500 – 500, regular seria entre 500 – 200 y de 200 a 0, viene siendo etapa Sida en la cual se está completamente vulnerable a cualquier infección oportunista.

El escucharla decir que tiene solo 2 CD4, me sorprendió de manera tal, que hoy por hoy, aun no logro caer en tiempo. Me sentí cual periodista amarillista, pero no pude evitar preguntarle “¿Por cuánto tiempo más tú crees que puedes vivir con VIH?”. La pausa fue larga. Científicamente no mucho, mi cuadro clínico no está bueno, tal vea 6 meses, pero espiritualmente muchos años, no me pongo eso en la mente”. “¿Qué te mantiene de pie?” le pregunto. No puedo permitirme que el ay me siento mal, ni los dolores del cuerpo, si no, le doy cabía al caer en cama y todavía no es mi momento”. Sus hijos, su fuerza de voluntad. “Si no tienes motivos por que seguir viviendo, tu permites caer a ti”.

“¿Qué es lo más difícil de vivir con VIH?”. “El estilo de vida, cosas que quisiera hacer y tener una relación o comunicación normal”. “¿Qué es ser normal?”, siempre me encanta escuchar lo que las personas definen como normal. “Que no haya una condición de salud, que tu pareja te vea tomando tus medicamentos, tomar medicamentos, el jangueo, mantener una vida sana y tener que cuidarnos el doble”. A medida la conversación avanzaba pasamos a preguntas concretas, que de momento a mí me hubiese gustado que en mis entrevistas me hicieran.

En nuestras ciudades, pueblos, regiones, continentes y en el mundo, estas son las historias que pasan por desapercibidas, aquellas para las cuales hay pocos oídos. Por estas, por las nuestras, por las que ya no están, por las que vendrán y por las cuales no llegaran, es que se trabaja. Trabajo de hormiga o a gran escala, remunerado o voluntario, en militancia o en anonimato, por una vida digna.

¿Quién fueras si no tuvieses VIH? Estuviese como las cabras locas, acostándome con todos, porque me gusta mucho el sexo. No tuviese la mente abierta.

¿Qué has aprendido en la experiencia de vivir con VIH? La condición me ha hecho aprender a tener mejor cuidado de salud. Que el VIH no es lo único que existe y no estar algarete.

¿Qué es el futuro para ti? ¿Cómo lo ves? Es un logro. Me veo con un negocio de comida criolla o internacional.

Si pudieras hablarle al VIH ¿Qué le dirías? ¡Vete de mi cuerpo! Vete al carajo, déjame en paz.

¿De qué te arrepientes? De nada, nada que haya hecho diferente.

¿Qué quieres para tus hijos? Bienestar, que no sufran.

¿En qué crees? Creo en Dios. No creo en fantasías, creo en realidades.

¿Cuáles son tus metas? Me faltan dos (2), un carro y un trabajo. Ya tengo mis hijos y casa estable. Dentro de lo que cabe, ser feliz.

¿Cuáles son tus sueños? Ver a mi hijo crecer.

Si pudieses hablarle a la vida, ¿Que le pedirías? Unión familiar, paz en el hogar.

¿Qué agradeces? La vida. El despertarme cada día y ver a mi hijo sonreír.

VSJ

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