Morir

El cuerpo es una maquinaria asombrosa y cuenta con una fortaleza mayor que las murallas del Viejo San Juan. A su vez la fragilidad de la vida, disfrazada o explicita, a cada momento se te presenta en la cara, como recordatorio de que tu tiempo en esta dimensión es limitado y debes utilizar hasta cada microsegundo que hay en ella. Cada suspiro es único y puede ser cada vez te queden menos o que cada vez hayas suspirado más, eso depende de cómo lo veas.

Tengo una relación de amor y odio con la muerte, pero más allá, es algo que me parece interesantísimo, y no por morbosa, si no por todo lo que ocurre alrededor de ella. Amor porque en casos puede significar dignidad, alivio, compasión, eternidad. Odio por el dolor cabrón y el vacío brutal que les deja a quienes nos quedamos. Interesante por todos los simbolismos, los augurios, las improbabilidades, las posibilidades, las celebraciones, lo resentido y las palabras. Las últimas palabras.

Una ex compañera de trabajo murió hace varios días de cáncer. Y a pesar de que no fuimos amigas, me dolió inmensamente por todo lo que significo y porque me abofetea sobre cosas que se supone que se, pero no es hasta que te pasa que lo recuerdas y dices “¡aaaah! A esto se refieren”. Nunca supe mucho de ella, en muchas ocasiones ni un “buen día” o sonrisa. Cuando supe que le dio cáncer, quise decirle algo lindo, darle un abrazo, decirle “todo estará bien”. Sonreírle, preguntarle un “¿cómo estás?”, “¿cómo te ha ido?”, “¿cómo te puedo apoyar?”, pero no, nunca lo hice. Me sentía impedida, no sabía cómo abordarla, y es que tenía un carácter muy fuerte, era implacable. Pensé que en algún momento lo haría.

Luego me entere de que estaba hospitalizada y pensé que ese era el momento para ir a verla y decirle todo lo que debí decirle antes. Sin embargo, ella no estaba aceptando visitas, pero de todas maneras, tenía la esperanza de que mejoraría o que al menos, en algún momento comenzaría a aceptar visitas y que ahí entonces tendría mi oportunidad. Lamentablemente se fue antes de tiempo, muy joven. No pude decirle nada y ya no importa, ya no está. Espere demasiado, pensé que tenía más tiempo.

Esto me hace pensar en mi madre, en el VIH, en mi abuela. Hace dos semanas fui a ver a mi abuela a quien no veía desde octubre. Durante los últimos años ha desmejorado bastante; esta encamada, con alimentación por sonda pues no puede tragar y si, Alzheimer. A veces no se acuerda de mí.  La primera vez fue muy impactante, pues no importa el amor que esa persona te haya tenido durante todos estos años, es como si el Alzheimer cortara dolorosamente con un cordón umbilical que se creo durante tantos años, y ahora simplemente no existes porque esa persona no te reconoce. Se siente desaparecer de manera desgarradora y desesperante.

Ella está cansada, ella siente miedo, ella no tiene el control de su cuerpo y a veces lo sabe. Recuerdo que en algún momento pensé que lo peor de la muerte no es el saber que vas a morir, si no, el cómo vas a morir. A perder el control del cuerpo, el no poder valerte por ti mismo, por ti misma. El perder la dignidad. El perder la integridad física del cuerpo, y como somos seres holísticos, muchas veces también la del espíritu y alma. No sé si existe manera de morir con dignidad, no sé si hay algo digno en morir. ¿Cuánto valor o cobardía hay en el suicidio? ¿Desde y hasta donde es una opción para morir dignamente? ¿Cuánta dignidad puede haber en el decidir cuándo y cómo acabar con tu vida? Y aclaro que no estoy alentando a nadie a probarlo, lo digo como experimentada y fracasada que fui. ¡Gracias por el fracaso!

Le sonrío, ella me sonríe de vuelta como si entendiera lo que hay en mi mente, mientras que yo trato de descifrar como ella se siente y bregar con su desnudes, la cual nunca pensé que contemplaría. Sujeta mi mano con una fuerza que parece desintegrar mis dedos, y de momento pienso que voy a empeorar su Alzheimer con mis ruidos extraños y caras sin sentido. Ella está cansada, mi tía adolorida. ¿Que nos queda por hacer? ¿Qué pasara cuando no este?

¿Qué pasara cuando no estemos? Mañana.

¿Qué tal si el “cuando” es mañana? ¿Nos habremos abrazado lo suficiente?

¿Habremos ahorrados los besos suficientes para vivir sin esa persona por el resto de nuestra vida?

¿Nos dijimos “te amo”? Te amo.

¿Nos aguantamos las palabras, el cariño?

El mañana es incierto.

No tienes más tiempo.

Que no nos quede nada por decir antes de morir…

MAMA

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