Mi Hermano

Aclaro que no se de economía, ni de negocios, y siendo honesta, poco me interesa. Tampoco puedo hacer un análisis desde el punto de vista académico pues apenas comencé a estudiar nuevamente. Donde vivo, cada día veo entre 7 y 10 personas que viven en la calle, las mismas personas o diferentes cada día. Hay un grupo de ellos que viven todos juntos en un apartamento en un edificio abandonado cerca del mío y desde mi ventana, se ve su balcón. No tienen luz, no hay puertas. Desconozco si tienen agua o cada cuanto tiempo comen. La mayoría de ellos no utilizan drogas, al menos no inyectables. Sin embargo si he visto como varios de ellos han desmejorado en estos últimos 4 años. Tal vez no están en la calle porque usan drogas, usan drogas por que están en la calle. Lo cual es completamente comprensible pues no es fácil vivir en esas condiciones.

La vivienda, un techo seguro, es un derecho humano, y quien no pueda pagar uno, debería recibir uno por parte de la sociedad y/o gobierno. La mujer trabajadora (y con deudas) que hay en mí, puede pensar que es injusto, pues yo tengo trabajar para poder decidir que cuentas dejo atrasar este mes, y según el índice federal de pobreza, soy pobre. Pero soy humana y veo que no es fácil vivir en esas condiciones, mucho menos cuando la misma sociedad les excluye y parten del pensamiento de que “ellos están ahí porque quieren”. ¿Quién quiere vivir en la calle? ¿Sin un techo seguro?

DSCN8566Veo como construyen edificios lujosos en San Juan y Guaynabo, con la gente pobre en sus puestos de seguridad, asegurándolos de gente como ellos. Igual, después se caen en cantos porque no hay quien pueda pagarlos, y mientras más viviendas para la gente privilegiada  se construyen, más gente se queda en la calle. Repito que no se de economía, ni de negocios y que tampoco puedo hacer un análisis desde el punto de vista académico pues apenas comencé a estudiar nuevamente, sin embargo me parece curioso.

Esto me lleva a pensar, no, a confirmar que la sociedad en la que vivimos es una excluyente, donde el pobre es responsable de su pobreza y el adicto de su adicción, y se dice que cada quien escoge lo que quiere y ellos escogieron esa vida. Quien no pueda vivir de acuerdo a las normas o condiciones sociales, que marginado automáticamente y sin compasión.

En estos días me he acorde de él. Esta persona a quien en algún momento llame “hermano”, y aun no logro explicarme por qué no lo he tenido presente al igual que otras personas que estuvieron y ya no están. Tal vez porque su muerte fue un misterio, y a la edad que ocurrió, no supe cómo manejarlo y simplemente lo omití de mi historia.

Si soy hija única, sin embargo yo creo que cuando una persona crece a tu lado y hasta comparten habitaciones, más aun si es tu primo, tiene el derecho de llamarse hermano o hermana. Hablo de Bey. Bey era o es, el hijo de la hermana de mi madre, Aracely. De ella no tengo muchas memorias, ella era usuaria de drogas y si no me equivoco, inyectables. Fue usuaria de drogas inyectables desde muy joven y deambulante hasta que murió antes del 1998. Por esta razón mi abuela materna se encargó de la crianza de Bey y cuando ella murió, paso a ser responsabilidad de mi madre.

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El lugar donde me crie, mi primer hogar, el lugar donde hice mis amistades primeras y eternas, no era (no sé muy bien ahora) muy diferente a un residencial público. Esto lo menciono por ponerle atención en el contexto en el que nos criamos, con la droga al alcance de nuestras manos, el prejuicio por ser de allí, los asesinatos frente a tu ventana y el estar dentro de un sistema que promueve la dependencia, el cual mucha gente critica, pero pocos conocen. Por eso veo un poco desacertado y como una especie de riña de la clase trabajadora a la clase pobre del país, ya que muchos/as no conocen lo que es vivir en un residencial público o una barriada.

Mi madre siempre trabajo para que el estuviera en “buenos pasos”. Pero la realidad fue que en el lugar donde vivíamos tenía todas las condiciones para que no fuese así. Ni si quiera ahora de adulta puedo comprender exactamente qué sucedió. ¿Qué salió mal? El venía a veces para que le lavara la ropa, cuando había problemas, y cuando nuestra madre murió. Estuvo preso, no sé cuántas veces, y estaba muy seguro de poder escapar de la cárcel para lastimar a mi primer novio en caso de que me hiciera daño. Tuvo dos hijos hermosos.

Ángel Luis Ortiz Torres, mejor conocido como Bey, era mi hermano. No sé mucho de él, y no sé a quién preguntarle. Solo tengo fotografías. No se por cuánto tiempo deambuló, si pasó hambre o que hacia durante la navidad. No sé si deseo en algún momento estar con su familia, si tenía abrigo o refugio. Si tenía sueños o miedos. Hoy por hoy, veo a Bey en mi barrio. En el señor del Walgreens que no puede hablar pero que no le gusta el pan de maíz. En José Luis de Arecibo que siempre está en la Arzuaga. En Pantera el que limpia carros en la Ave. Universidad. En el trabajador sexual en la esquina de mi calle con esquizofrenia. En el pelirrojo que vela el parking para ganarse dos o tres pesos, y en todos aquellos que cada mes siguen llegando a las calles de Rio Piedras y Santurce.

Bey murió a finales de agosto del 2002 de una sobredosis, en alguna calle de Santurce, posiblemente solo y sin dignidad.

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