¿Para validarme?

Lloro porque me duele, lloro porque los quiero, porque son importantes para mí. Lloro porque no le dan importancia a lo que valoro yo. Pensando mucho, hablando sola, sentí coraje. Por primera vez puede ver él por qué sigo actuando en automático. Para complacer, para sentirme validad, para escuchar de sus labios que están orgullosos de mí. Cumpliendo con un estándar social, en el cual se admira mas lo que tienes por lo que haces, y eso te hace “gente’. Estándar que está en peligro de colapsar, y ya nada te puede asegurar. Egocéntrico, nada de solidaridad, nada espiritual, ni una sola huella vas a dejar. Estándar que es muy conveniente para “obtener”, pero jamás necesario para vivir, mucho menos para ser feliz.

 ¿Cuándo perdimos el valor del ser? ¿Cuando comenzamos a querer más a la idea de lo que puede ser, a lo que ahora es?

Cuando hablo con ellos, la pregunta “¿como estas?” es protocolar, seguido por el “¿cómo te va en la universidad?” Mi salud, economía, salud emocional, vida social o proyectos de vida, no son temas de conversación. Hace poco salí en un periódico, en una de las primeras páginas, me dieron dos páginas completas. Mucha gente lo vio, mucha gente me llamo y me escribo. Felicitaciones recibí de muchos desconocidos, y más, conocidos comentaban lo orgullosos que estaban de ser mis amigos. Pero ellos, a quienes no escogí, ni un solo mensaje, y no es la primera vez.

El que está en un pedestal, es el más que gana, y la oveja negra es no más que un gerente. Pero con sus ojos es imposible ver que, aquel que menos tiene, es quien más vale. No por lo que tiene, sino por lo que puede dar. Se están perdiendo lo que realmente soy. Nosotros, quienes decidimos vivir fuera de la caja somos quienes hacemos la diferencia. De nosotros se escriben historias. Para todo hay tiempo en la vida, menos para vivirla. Tal y como un buen y genial amigo mío me dijo:

“Las personas esperan de uno diplomas lo que para ellos es equivalente a éxito y a dinero. La vida es tantas cosas más que el dinero. Tú tienes que hacer lo que a ti te haga feliz y lo digo porque es la realidad. Muchas veces nos enfrascamos en procesos ajenos que nada aportan a nuestro crecimiento individual y espiritual.”

 ¿Qué dirán? Seré una fracasada para ellos. ¿Qué espero de ellos? ¿Qué esperan de mí? La espera desilusiona, y más aun cuando el plato principal apenas se está cocinando. El diamante no se ha pulido, está en bruto. ¿Qué precios estaré dispuesta a pagar, si esto está a penas por comenzar? Aun así, los amo y ahora los veo con empatía, pero eso no quiere decir que los siga. Lo que hago me llena y  que hay muchas maneras de salvar una vida. Nadie puede pensar o leer lo que nadie ha dicho o escrito. Hay un mundo allá afuera, y ya no sobrevive el más apto, si no el más adaptable. La validación solo le funciona a la gente ordinaria y prepotente. No puedo soñar con nada más que no sea ser yo, porque al final solo me llevo lo que dejo…

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